Hoy no fundé un país, pero visité los míos.
Hoy fui a desayunar
Pedí café y un hot dog del Brick Lane.
Ese lugar que conocí como food truck
y que hoy ya estacionó el camión en la calle Colonias.
Alina estaba enfrente, con chilaquiles.
Pero más bien con esa sonrisa suya
que no pide nada
y lo da todo.
Mientras esperaba, recordé que a unas cuadras de ahí
vivían mis abuelos:
Pedro Moreno y Robles Gil.
Calles con nombres que suenan a personajes de novela.
Y lo fueron.
Al menos en mi infancia.
Y como cuando sigues un mapa emocional,
empezaron a aparecer otras calles.
No las de Google Maps.
Las mías.
Luis Cabrera 642, en la Normal.
Donde aprendí que lo normal es dormir con la ventana abierta
y los sueños sin cerrar.
1830 Guido, Buenos Aires.
Donde el aire nuevo me abrió la cabeza
a otros mundos.
Calle 5, Seattle, Zapopan.
Empedrado fino
y una libertad que parecía dorada,
pero era jaula.
91 Hidalgo, San Antonio Tlayacapan.
Donde el lago me enseñó
que la calma también se aprende.
Américas 30-B, en la Americana.
Donde las ideas hacen eco
y las cervezas duran más que las charlas.
30 Fleet Road, Londres.
Postal, vértigo
y chequeo de realidad.
Circunvalación Ote. 621, Granja.
Donde todo volvió a ser circular
y terminé frente a una pared.
503 San Gabriel, Chapalita.
Me perdí.
Me cuidaron.
Y aprendí a volver.
Av. Chapalita 1285.
Donde me robaron un auto,
sonaron balazos
y algo parecido a la tranquilidad se fue con ellos.
Casiopea 4949, La Calma.
Que sí, hace honor a su nombre.
Y también al caos
que yo traía de serie.
Cada una de esas direcciones fue un país.
Con su idioma.
Su clima afectivo.
Su moneda emocional.
Algunos los fundé con amor.
Otros, con duelo.
Y los más valiosos,
con un texto.
Porque uno también colecciona marcas.
Las que he creado en agencias.
Las que he creado solo.
Y las más honestas:
las que nacieron en diálogo con clientes.
Y las que, sin pedir permiso,
te deja la vida.
Hoy escribo con la sensación
de que debería volver a la Americana.
No a la dirección.
A la sensación.
A ese punto exacto
donde el corazón y la memoria
no se estorban.
Desde ahí estoy escribiendo este newsletter.
Uno donde la vida, el diseño, la creatividad,
los vínculos y la palabra
se junten sin pedir permiso.
Lo estoy armando con un canario
y un búlgaro.
Literal.
Uno pone ritmo.
El otro, estructura.
Yo solo cuento.
Y escribo.
Desde el storytelling,
pero también desde el storyselling.
Porque a veces una historia
no solo se cuenta:
Se comparte,
se ofrece,
se queda contigo.
Mientras escribo, pasa un chico con gorra de Red Bull
y pienso:
Red Bull fundó su país con una bebida.
Yo, con mis historias.
Con mis calles.
Con las cosas que me pasaron
cuando solo intentaba llegar a tiempo
a la siguiente etapa de mi vida.
Quizá escribir hoy, para mí,
sea eso:
Fundar un pequeño país
donde no se necesita pasaporte,
pero sí ganas
de sentirse menos solo.
La nostalgia no es mirar atrás.
Es mirar dentro.
Y desde ahí —desde el corazón—
imaginar el futuro
sin olvidar
lo que te trajo hasta aquí.
Hoy pienso que he sido privilegiado.
Por cada lugar.
Por cada historia.
Y porque ahora —desde esta pantalla—
la casa que construyo
es digital.
Si estás leyendo esto,
ya formas parte de ella.
Family and friends.
De los primeros.
No necesitas dirección
ni pasaporte para llegar.
Si estás aquí,
ya estás dentro.
¿Cuáles fueron las calles de tu vida?
¿Cuáles las marcas que te marcaron?




Me senté a leer y desayunar y encontré tu mensaje de whats con esta lectura. Tome mi café (no tenía a la mano un hot dog) e inicie; nombres de calles, ubicaciones, lugares de vida; y conforme avanzaba mi cabeza me llevó a regresar y conforme leía cada calle mi mente recordaba las de mi vida y las conectaba con recuerdos.
Y avanzando llegamos a las marcas, y si bien he creado algunas mi conexión fue hace la creación de empresa, procesos, empleo, industria.
Y después, al estar adentro, en el adentro del corazón, con el Corazón.