Me llamaban “La Vaca” y me tomó 20 años entender por qué eso fue lo mejor que me pasó
Una historia real sobre cómo una burla se convirtió en una lección de marca, identidad y diferencia.
Todo empezó con unos tenis:
Todo empezó con unos tenis.
Estaba en esa edad rara en la que uno no sabe si es futbolista o basketbolero... pero quiere encajar en cualquiera de los dos.
Mi papá, con humor (y ya un poco harto de verme dar vueltas por más de una hora en el tianguis de San Juan de Dios), me soltó:
—A ver, Gabo, ¿vas a elegir unos o no?
Y los elegí.
Unos blancos, con negro y suela morada. Un punto medio. Diferentes. Me gustaban.
Mi papá los pagó con esfuerzo.
Yo los guardé con duda.
Los miraba por la noche y me los ponía en silencio, los probaba frente al espejo. Incluso saltaba con ellos.
Pero no me los puse. Durante días.
Hasta que él volvió a preguntar:
—¿No vas a usar los nuevos?
Ese día llegué al entrenamiento con mis tenis nuevos. Fue inmediato:
—¡Pareces vaca con esos tenis!
Risas. Apodos. Y una que otra patada emocional disfrazada de broma.
Pero te voy a confesar algo: por dentro, una parte de mí... los amaba.
De verdad me gustaban. Y ese apodo, tan raro como sonaba, conectó con algo más viejo. Más profundo.
Mi infancia.
Los viajes al pueblo.
La mano por la ventana del auto, el viento en los dedos.
El paisaje pintado de verde y las manchas negras y blancas rompiéndolo todo.
Las vacas eran enormes.
Suaves.
Un milagro de manchas. Me fascinaban.

(Del diseño ya hablaremos en esta newsletter. Pero sí: las vacas son magníficas).
Años después, en la universidad, encontré un libro. Lo elegí por la portada.
Se llamaba La vaca púrpura, de Seth Godin.
Y decía algo que me voló la cabeza:
"Lo aburrido está muerto. Lo predecible, también."
Entonces lo entendí.
Ese apodo en la prepa... fue mi primera lección de branding.
Decidí ser "vaca."
Ser una vaca púrpura no es una pose.
No es una ocurrencia de marketing.
Es una decisión. Una forma de estar en el mundo.
Porque:
Lo aburrido es invisible.
Lo predecible no deja marca.
Y lo normal. no se comparte.
Nos enseñaron a caminar en fila, a no salirse del margen.
Pero en un mercado donde todos siguen el mismo trazo,
la diferencia no es rebeldía: es supervivencia.
¿Y esto qué tiene que ver contigo?
Todo.
Porque tú también estás vendiendo algo: una idea. Un proyecto. Una mirada.
Y si no destacas con claridad, te vas al fondo del scroll.
Te pierdes entre los iguales.
Te vuelves otra vaca marrón.
Y tú no eres eso…
Lo que vas a encontrar aquí:
Esta newsletter va de eso:
Aprender a ser vacas púrpura en un mundo lleno de grises.
Nada de hacks. Ni métricas vacías. Ni bullshit de marketing.
Aquí hay:
≠ Historias reales sobre marca, personalidad y diferencia.
≠ Ideas para pensar distinto, escribir distinto, mostrarse distinto.
≠ Y uno que otro empujón para atreverte a incomodar... y destacar.
Una vez cada tres días.
Lo justo para no olvidarte de lo que eres. O de lo que puedes ser.
Si alguna vez...
Sentiste que tenías algo que decir, pero nadie escuchó...
Lanzaste algo y el mundo ni parpadeó...
Te hartaste de sonar como todos, de hacer lo mismo que todos...
Entonces este espacio puede ser tu lugar.
No tengo respuestas mágicas. Pero sí algunas preguntas incómodas. De esas que te cambian el rumbo si te las tomas en serio.
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Porque aquí, en este corral, ser diferente no es opcional. Es vital.
≠ ¿Mi obsesión?
Ayudar a marcas, empresas y personas a encontrar lo que las hace inolvidables.
No lo que suena bien en una presentación. Lo real.
Lo que no puedes ocultar aunque quieras.
Cada historia será un vaso de leche* distinto:
Unas con humor, otras con rabia, todas con intención y brutal honestidad.
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